Escenario político previo a las elecciones del plebiscito de salida por una nueva Constitución

El próximo 4 de septiembre se celebrará el plebiscito de salida en el cual se aprobará o rechazará el texto que propone una Nueva Constitución Política para Chile. ¿Qué se pone en juego en el plebiscito? ¿Cómo se han configurado los sectores políticos en el escenario actual? A continuación ahondaremos en estas interrogantes, no sin antes partir dando un breve repaso al proceso que llevó a Chile a la elección que enfrenta el próximo mes.

El Itinerario que llevó al proceso constituyente

El 18 de octubre de 2019 sería el quinto día de una semana de convocatorias de secundarios y secundarias en protesta por el alza del pasaje del transporte público. Ese día marcará las grandes postales de evasiones masivas de estudiantes que se saltaron los torniquetes del metro (Subte) bajo la consigna “Evadir, no pagar, otra forma de luchar”, grito que se haría extensivo durante todo el día. A eso de las 17:00 hrs. el transporte de la capital había dejado de funcionar en la medida que las barricadas se multiplicaban en todo Santiago, en las periferias, así como poco a poco en las diferentes ciudades del país. Horas después, Sebastián Piñera, presidente en ese entonces, decretaba estado de excepción constitucional, imponiendo el toque de queda y sacando el ejército a la calle. A partir de ese día, Chile entraría en la gran Revuelta, con las marchas más multitudinarias que haya vivido su historia, desembocando finalmente en el proceso constituyente. No nos detendremos en este artículo a detallar las causas que llevaron a Chile a la Revuelta Popular, solo nos bastará con hacer mención a los efectos nefastos que generó la aplicación sucesiva y ascendente, durante más de cuarenta años, de políticas neoliberales que llevaron a Chile a ser uno de los países más desiguales del planeta.

El 15 de noviembre de 2019 marcará un segundo gran hito del proceso. Ese día, las fuerzas de la derecha (Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional y Evolución Política), las fuerzas de la ex Concertación (Democracia Cristiana, PPD, Partido Socialista, Partido Radical) y un sector del Frente Amplio, compuesto por Revolución Democrática y Gabriel Boric que firma a título personal (Convergencia Social, partido político de Boric, se restó), se reunieron para firmar el llamado Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Este acuerdo establecerá al menos dos ejes importantes: a) el itinerario para escribir una nueva constitución y b) las normas que irían en el proyecto de nueva constitución deberían ser aprobados por un quorum de 2/3 (manteniendo el quorum de la constitución vigente, emanada desde la dictadura). Cabe señalar que el acuerdo no contempló escaños reservados para pueblos originarios ni el carácter paritario en la composición de lxs convencionales, lo que se establecería en los meses posteriores a partir de las leyes que regularían el funcionamiento de la convención. Tampoco haría referencia a la situación de las cientos de personas prisioneras en el marco de la Revuelta Popular.  

El 25 de octubre de 2020 se celebró el plebiscito de entrada en el cual ganó la opción APRUEBO con un 78,2% de los votos. A su vez ganó con un 79% de los sufragios, la opción que estableció que la nueva Constitución debía ser redactada integralmente por una Convención Constitucional frente a la Convención Mixta en la cual se incorporaba la mitad de sus miembros desde el congreso. En mayo del 2021 se realizó la elección de Convencionales Constituyentes, quienes comenzaron sus funciones el 4 de julio de 2021 hasta dar por finalizado el período de la convención constitucional el día 4 de julio de 2022

La configuración de los bloques políticos al interior de la Convención.

La gran sorpresa de la elección de los 155 convencionales (que a los meses de iniciada la convención se reduciría a 154 a partir de la salida de uno de los convencionales por un escándalo público), fue la alta presencia de los llamados “independientes”, los que en su totalidad lograron 48 escaños. En este caso llamaremos independientes a aquellas personas que no venían de la militancia de los partidos políticos tradicionales ni del Frente Amplio. De tal manera, al sumar los votos de los independientes, Apruebo Dignidad (FA y PC), más los sectores ligados a la ex Concertación (que ante el escenario de indignación y movilización, hoy buscan posicionarse desde un lugar más progresista), lograban superar los 2/3 que se establecía como quorum mínimo para aprobar normas. Los 37 votos que obtenía la derecha no le alcanzaban para cumplir el rol de bloqueo de las transformaciones, rol que sostuvieron durante todo el período pos dictatorial (Demás está decir que la Concertación durante el mismo período, tuvo un rol muy similar).  De esta forma, a seis meses de iniciada la Convención Constitucional, los bloques políticos se configuraban de la siguiente manera en su interior[1]:

  • Colectivo del Apruebo (7 miembros), compuestos por un Demócrata Cristiano (DC), dos independientes y militantes del PPD. Constituyen lo que podríamos llamar el ala derecha de la Concertación.
  • Colectivo Socialista (17 miembros), compuesta por militantes del Partido Socialista (PS, partido de la ex concertación). Durante la Convención funcionaron como “bisagra” al aliarse con el Frente Amplio e Independientes No Neutrales (INN).
  • Coordinadora Constituyente Plurinacional y Popular (15 miembros), conformada por 8 escaños reservados y 7 convencionales que ingresaron a la Convención siendo de la Lista del Pueblo, que luego fueron parte de Pueblo Constituyente (PuCo)
  • Chile Digno (11 miembros), compuesta por 6 militantes Comunistas (PC), una militante del Partido Progresista (PRO), tres militantes de la Federación regionalista Verde y Social y un independiente.
  • Escaños reservados para los pueblos originarios (17 miembros), que sin embargo, con el correr de los meses dejaron de funcionar en bloque generándose dos sectores: uno con mayor cercanía a la Ex Concertación y el FA y donde uno de sus principales rostros visibles fue la primera presidenta de la Convención, Elisa Loncon. Mientras que otro sector fue el que se integró a la Coordinadora Constituyente Plurinacional y Popular, generando cercanía con Movimientos Sociales Constituyentes (MSC) y Chile Digno.
  • Frente Amplio (16 miembros) Todxs militantes ya sea de Convergencia Social (partido de Boric), de Revolución Democrática, o bien independientes cercanos a esos dos partidos. Si bien al conformarse los bloque electorales, previo a la elección de lxs constituyentes, el FA fue junto con el PC en el pacto Apruebo Dignidad, en la medida que fueron pasando los meses, generaron distancia con el PC. La mayores coincidencias las empezaron a  tener con el Colectivo Socialista, el Colectivo del Apruebo, INN e incluso sectores de la derecha. Durante la primera etapa de la Convención posicionaron a Jaime Bassa como vicepresidente de la misma.
  • Independientes No Neutrales (13 miembros), integrado por rostros independientes del progresismo, iniciaron la Convención posicionándose como bisagra entre los sectores más conservadores y la centro izquierda (Ex concertación y FA). Con el correr de los meses se han presentado mayores coincidencias con sectores de izquierda, aunque manteniendo las distancias. En la segunda etapa de la convención posicionaron a Gaspar Domínguez como vicepresidente de la convención.
  • Movimientos Sociales Constituyentes (12). Conglomerado compuesto en su totalidad por independientes, está integrado por personas ligadas a los feminismos, a las organizaciones territoriales y medioambientales como la Coordinadora Feminista 8M y Modatima (Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente). Una de sus miembros, María Elisa Quintero, ocupó el cargo de presidenta en la segunda etapa de la Convención Constitucional.
  • Pueblo Constituyente (12 miembros), compuesta íntegramente por independientes, es la sucesora natural de la llamada “Lista del pueblo”, que agrupó a representantes de movimientos sociales y “rostros” de la Revuelta Popular. Si bien iniciaron como la segunda fuerza más numerosa al tener 24 escaños, la colectividad se empezó a desintegrar poco a poco a medida que avanzaron las semanas y la Lista del Pueblo externa se vio envuelta en episodios de fraude electoral.
  • Vamos por Chile (37 miembros), compuesta por militantes e independientes de derecha. 

¿Rechazo para reformar? ¿Apruebo para reformar?

Concluida la Convención Constitucional el pasado 4 de julio, la campaña por ambas posturas se desató con fuerza. Por una parte, el Rechazo, comenzó a hacer campaña desde el primer día de su funcionamiento. Podríamos dividir su estrategia comunicacional en dos momentos: una primera etapa, principalmente a través de los medios de comunicación masiva (claramente, ligados a la derecha), enfocándose en deslegitimar a la Convención; y un segundo momento, una vez que ésta concluyó el borrador, desatando por un lado una amplia difusión de noticias falsas (fakenews) y por otro, una campaña del terror, planteando escenarios “en los que Chile podría caer” si se aprueba la propuesta constitucional. Es así como se instalan ideas como: “dejaras de ser propietario de tu casa”, “las mujeres podrán abortar hasta los 9 meses”, “los delincuentes podrán tener oficinas con celular en las cárceles”, etc. De modo que, en un afán de comprometerse a lo que no fueron capaces de hacer en 30 años, posicionaron la consigna “Rechazar para reformar”, asumiendo que “se necesitan reformas profundas” y que las harán una vez que se rechace el proyecto de constitución. Cabe señalar que del total de los aportes de campaña para ambas opciones que hacienden a 523.306.408 millones de pesos (unos 525.000 dólares), el 89% es concentrado por el Rechazo[2].

Por otra parte, desde las dos alianzas que sostienen al gobierno de Boric (Apruebo Dignidad, compuesta por el FA y el PC principalmente; y la Ex Concertación sin la DC), el pasado 11 de agosto firmaron un acuerdo donde, desde los partidos políticos firmantes se comprometen a realizar una serie de cambios a la propuesta de texto constitucional, como una estrategia para enfrentar el avance en las encuesta que presentó la opción Rechazo en los últimos meses. En el documento se explica que “el presente acuerdo aclara ciertas dudas e interpretaciones que han buscado confundir y desinformar a la ciudadanía, contribuyendo al voto responsable e informado”. De tal forma el acuerdo al que llegaron los partidos políticos compromete una serie de cambios entre los que podemos considerar: Cambio de nombre del Sistema de Justicia por Poder Judicial; nuevo Estado de Excepción; fin de la reelección presidencial; cambios a la Justicia indígena; especificación de las autonomías territoriales; y derecho y propiedad de las viviendas[3]. Más allá de la intencionalidad declarada, el acuerdo rememora la antigua “cocina” de los tiempos de la Concertación, en la cual los partidos políticos del conglomerado firmaban acuerdos a espaldas de la ciudadanía, cayendo directamente en los marcos de la discusión impuesta desde el rechazo a través de los medios de comunicación y desoyendo la legitima voluntad popular, expresada en el la propuesta de texto constitucional. Como se ve, hay un empeño en dar tranquilidad de gobernabilidad sobre todo a los sectores empresariales de Chile, pasando por alto el triunfo del voto popular que optó por una asamblea constituyente y que más aún, colaboró activamente en la Convención a partir de las Iniciativas Populares de Norma (IPN), las que llegaron a un número de 2.456 de las cuales 78 lograron entrar directamente a la convención en la medida que recabaron más de 15 mil firmas cada una.

Apruebo para luchar

Desmarcados de esta controversia reformista, también se ha configurado un sector desde la izquierda revolucionaria que apoya el proceso de reformas[4], levantando la consigna “Apruebo para Luchar”, en el cual se reúnen una serie de partidos de izquierda y organizaciones territoriales que buscan potenciar una fuerza popular que permita defender y hacer avanzar, desde las organizaciones populares, el proceso de transformaciones estructurales que está viviendo Chile. Se opusieron férreamente a la “cocina” de los partidos que sostienen al gobierno, señalando que “El pueblo votó por una Nueva Constitución, y luego expresó en la urnas que no quería que metiera la mano el congreso, deslegitimado y cooptado por las grandes empresas (…) En ningún momento el proceso social que vivimos ha manifestado lo que pretenden instalar hoy las elites políticas”[5].

 ¿Qué está en juego este 4 de septiembre?

Como todos los procesos sociales, el proceso de transformaciones que está viviendo Chile en la actualidad se encuentra lleno de contradicciones. Señal clara de esto fue el amplio respaldo que tuvo José Antonio Kast, candidato de la ultraderecha que en la primera vuelta electoral realizada en noviembre de 2021 salió triunfador o el 50% que actualmente posee la derecha en la cámara de diputados. La respuesta a estas contradicciones por parte del gobierno y las coaliciones que lo respaldan, ha sido dar muestras de gobernabilidad al empresariado, manteniendo la dinámica de las relaciones políticas que había caracterizado al Chile de los 30 años pos dictadura. Será así como, el mismo Boric es quien hace el llamado a los partidos políticos de su coalición a firmar un acuerdo que diera tales garantías luego del plebiscito. Los hechos hasta el momento dan cuenta de un gobierno que posiciona su apoyo en los sectores de la antigua Concertación, desoyendo las distintas voces que lo llevaron a la presidencia e incluso realizando duros golpes a los sectores más radicalizados como la reciente detención del líder mapuche Héctor Llaitul.

Así llegamos al próximo 4 de septiembre: con un gobierno preocupado por la seguridad, con una cocina instalada y con presos políticos de la Revuelta, muchos de los cuales están próximos a cumplir tres años en prisión.

Podemos ver entonces, cómo el panorama del “Chile que despertó” aún sigue abierto, y que si bien el proyecto de constitución viene a generar grandes avances en materia de derechos sociales, medioambientales, sexuales y reproductivos, entre otros, que “viene a dar fin al neoliberalismo” desde el marco jurídico, ningún cambio será posible sin el pueblo y sus organizaciones. Sabemos que este texto constitucional surge del acuerdo del 15 de noviembre, firmado por los partidos a espaldas del Pueblo, pero éste fue desbordado por las propias masas populares que comprendieron que no era suficiente el voto. Es por ello que, si bien es fundamental que la propuesta constitucional sea aprobada este 4 de septiembre, más importante aún será sostener una política enfocada en el fortalecimiento de las organizaciones populares, que permita enfrentar por un lado las campañas del terror impulsadas desde la derecha pero también revertir los discursos progresistas empeñados en brindar una gobernabilidad que perpetúa el modelo de dominación. 


[1] Cantidad de miembros por conglomerado extraído desde https://interferencia.cl/articulos/guia-practica-los-distintos-bloques-politicos-de-la-convencion-seis-meses-de-instalado-el

[2] Cifras extraídas de https://www.eldinamo.cl/A-un-mes-del-Plebiscito-los-millones-aportados-para-las-campanas-del-Apruebo-y-el-Rechazo-t202208050001.html

[3] Extraído de https://www.elmostrador.cl/dia/2022/08/11/oficialismo-presento-las-reformas-a-implementar-a-la-nueva-constitucion-si-gana-el-apruebo-en-el-plebiscito/

[4]  Cabe señalar que hay un sector de la izquierda que se opone al proceso electoral, señalando que aprobar o rechazar no cambiaría las condiciones de vida del pueblo.

[5] Declaración Pública “Ante la cocina de los poderosos, la democracia de los pueblos”. Página de Instagram “Tejer”.